viernes, 22 de noviembre de 2013

Jackie y el poder del rosa

Han pasado cincuenta años y la imagen de aquel traje dos piezas color rosa aún sigue grabado en nuestra retina. Este había sido cortado y cosido años antes en el taller neoyorkino de Chez Ninon con las mismas telas y siguiendo las directrices de la maison Chanel. Por aquel entonces, el hecho de que una First Lady de América vistiese con diseños extranjeros era considerado casi como una traición, por lo que era necesario encontrar diseñadores que no fueran más allá de la frontera. Así pues, ese traje rosa se convirtió, sin quererlo, en un símbolo perenne del dolor y del tormento en un país sumido en la tragedia en la década de los 60.

“Quiero que vean lo que le han hecho a John” repetía Jackie cada vez que alguien le pedía que se quitara el vestido, manchando de sangre, tras el brutal asesinado de su marido. No fue hasta la mañana siguiente del crimen cuando decidió desprenderse de él y enviárselo a su madre. Posteriormente, el traje fue guardado tal y como había quedado aquella mañana y sometido a unas condiciones climáticas para su posterior conservación. Por desgracia, no será al menos hasta el año 2103, por decisión de su heredera Caroline Kennedy, cuando el vestido vuelva a ver la luz. Hasta ese momento, el amplio abanico de seguidoras de Jackie Kennedy – años más tarde convertida en Jackie Onassis – se tendrán que conformar con mirar las imágenes de tan icónico traje o con vestir una de las numerosas copias realizadas del mismo por otros diseñadores durante la última mitad de siglo.


El estilo de Jackie siempre se caracterizó por ser muy claro: elegante, nada histriónico y totalmente alejado de la corriente extravagante que surgió en el mundo de la moda tras el primer vuelo al espacio del cosmonauta soviético Yuri Gagarin a inicios de la década de los sesenta. Además, el uso de colores como los pastel o los naranjas estaban presentes en su vestimenta diaria. Entre sus diseñadores fetiche se encontraban figuras como Oleg Cassini o Chanel, la cual tuvo que apartar a un lado en el momento en el que se convirtió en primera dama. Ya antes de llegar a la Casa Blanca había mostrado un especial gusto por el mundo de la moda, pero fue a partir de 1961 – momento en el que su marido gana las elecciones y se convierte en el trigésimo quinto presidente de los EEUU – cuando se convirtió en un icono histórico de la elegancia. A partir de ahí, no hay ninguna mujer con un interés por la moda que no haya intentado imitar su estilo.

Si hay algo claro es que durante los últimos cincuenta años Jackie y su dos piezas rosa han ejercido y siguen ejerciendo una gran influencia sobre la vestimenta de las mujeres contemporáneas, y es que como bien dijo Sir Saint Laurent “La moda pasa, el estilo es eterno”. ■

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...